Especial poesía – abril 2021

blog colochef Especial Día del Libro 2021

Con motivo del día del libro, queremos compartir una entrada especial, escrita por nuestra compañera Clara Sanz, quien ha publicado recientemente el libro “Los susurros que vuelan entre los labios”.

Nos dedica un contenido dirigido a todos los niños y niñas de nuestros comedores, y a las familias, para que también todos ellos dejen brotar su talento creativo, proponiendo un ejercicio para escribir poesía.

Además, nos regala un poema escrito especialmente para esta ocasión, en el que nos recuerda, a los adultos, la importancia de no perder la chispa de la infancia, y a los más pequeños, que la expriman, para no perder los valores, la emoción, la esencia de la vida.

Esperemos que lo disfrutéis.

¿Cómo escribir poesía?

Piensa en algo que te evoque sensaciones: quizá es un paisaje, un sonido, un tacto, el olor de mamá, los abrazos de papá, la sonrisa de la abuela, el reencuentro con un amigo, jugar al aire libre, el sol acariciando tu piel, tumbarte sobre la hierba, la brisa del mar, la arena bajo tus pies… algo que te haga sentir con fuerza.

La poesía son emociones bailando en forma de letras.
Siempre que tengas una sensación fuerte, mala o buena, coge lápiz y papel, o teclado y pantalla, y deja volar tu imaginación, más allá del sentido, de la razón, de los pensamientos, de los recuerdos o los sueños.

Simplemente déjate llevar.

Escribe, o pinta. Aunque haya faltas de ortografía, aunque no tengan sentido las palabras, aunque parezca que algo sobra o falta, ya lo revisarás en otro momento. Aunque lo más seguro es que te sorprendas viendo que el resultado es una maravilla que puede emocionar hasta a la persona más fría.

Entonces habrás hecho poesía, aunque no rime, aunque no tenga figuras retóricas, aunque no esté bien escrito.

Todos, llevamos un artista dentro. Si dejamos fluir mente, valor y corazón, lo encontrarás.

¿TE AVENTURAS A PROBAR?

Poema “Jugar con la imaginación”

Recordé los juegos de niños: Aplastar la tierra con el rastrillo, hacer un hoyo con los dedos, sacarse la arena del calcetín.

Volar sobre la hierba de olor a hogar entre el balanceo de los columpios y los saltos de trampolín.

Bailar sin prisas,
con el cielo azul por cortina
acariciando las pestañas
que nos caen sobre las mejillas,
las mismas que revolotean
con nuestros deseos,
que se acaban cumpliendo.
Trotar sobre pegasos en forma
de neumáticos desgastados,
en dirección a un viaje infinito de cuentos
donde parece que hay aventuras oscuras
y tinieblas profundas,
pero no hay miedo.
Porque las coronas que cubren nuestras cabezas nos dan las fuerzas que necesitamos,
en lugar de robar el aire que respiramos.
Viajes de historias con dragones
y monstruos que son amigos.
Envainar puñales y espadas
que se deshacen si cierras fuerte los ojos
y gritas las palabras mágicas “abracadabra”, que vencen sin armas
y nos lanzan hacia otra dimensión.
Deslizarnos por un tobogán,
caer sobre volcanes y lavas que no queman, atravesar barreras y fronteras
hacia un mundo donde las puertas,
como las manos, se abren
para abrazarnos a ojos cerrados.

Sin mirar por fuera, solo viendo por dentro, donde está el valor verdadero,
en lo más profundo del interior,
entre vientre, ventrículo y pecho.
Justo al lado del nacimiento de los deseos. Deseos que ya se están cumpliendo, porque si realmente lo sientes con fuerza, se convierten en realidad.
Entonces desperté,
abrí los ojos para ver
que el recuerdo que me trajo Morfeo
eran los niños y niñas que tenía frente a mí, sonriendo con los ojos,
como son las verdaderas sonrisas. Mostrándome
que el entusiasmo nunca se pierde,
y que jugar, como amar,
siempre nos tiene que acompañar, aunque pasen los años,
aunque pese la vida,
aunque nos persigan monstruos o virus. Porque la ilusión de sueños,
la inyección de fantasías
y los montones de risas,
nos curan de los males de la vida,
y nos la dan.

Clara Sanz Hernánde

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